Las asociaciones son la columna vertebral de una sociedad libre… o eso nos repetimos mientras seguimos ignorando qué significa realmente asociarse en un país donde el miedo a organizarse ha sido, durante décadas, casi una tradición. El Artículo 22 promete libertad, garantías y límites razonables. Sin embargo, conviene preguntarse qué ocurre cuando la letra constitucional choca con la realidad de una España donde ciertas asociaciones son observadas con lupa, mientras otras disfrutan de un sorprendente blindaje institucional.
La Constitución reconoce el derecho a unirse, pero nuestro sistema político y mediático parece más preocupado por decidir quién puede juntarse con quién y para qué. Hoy analizo este artículo con la sospecha —o la certeza— de que, como tantas veces, la norma dice una cosa, pero la práctica va afinando su propia melodía. Y no siempre suena a libertad.