ARTÍCULO 104 DE LA CONSTITUCIÓN

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA

Vivimos en una sociedad que exige seguridad constante mientras desconfía cada vez más de quienes la garantizan. Pedimos protección frente al delito, pero tememos los excesos de vigilancia; reclamamos orden cuando reina el caos, pero denunciamos la autoridad cuando nos incomoda. Entre esas contradicciones se mueve uno de los debates más delicados de cualquier democracia: quién ejerce la fuerza, con qué límites y al servicio de quién. Porque cuando el poder dispone de instrumentos coercitivos, la verdadera cuestión nunca es solo cómo actúan, sino para quién trabajan realmente.

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