Toda narrativa necesita una versión que contar, pero ninguna debería necesitar que dejemos de hacer preguntas. En cualquier sociedad, determinados acontecimientos terminan explicándose mediante relatos que simplifican la realidad, ordenan los hechos y ofrecen una interpretación aparentemente coherente. El problema comienza cuando esa interpretación se convierte en la única aceptable, cuando las dudas incomodan y cuando cuestionar determinados elementos del relato pasa de ser un ejercicio legítimo de pensamiento crítico a convertirse en una actitud sospechosa.
Los medios de comunicación, las instituciones y los propios actores políticos participan, de formas distintas, en la construcción de esas narrativas. No necesariamente mediante una conspiración perfectamente organizada, sino también a través de selecciones de datos, titulares, silencios, prioridades informativas y marcos de interpretación. Por eso resulta necesario aprender a observar no solo lo que se nos cuenta, sino también cómo se construye aquello que estamos escuchando. Ahí es donde empieza el verdadero ejercicio de pensamiento crítico.