¿De qué sirve que exista una última instancia judicial si la confianza de los ciudadanos en las instituciones puede desgastarse mucho antes de llegar hasta ella? En España hablamos constantemente de independencia judicial, politización, nombramientos y enfrentamientos institucionales, pero pocas veces nos detenemos a pensar en lo esencial: la Justicia necesita algo más que leyes para ser respetada; necesita credibilidad. Cuando cada resolución se interpreta según quién gana o pierde políticamente, el Estado de Derecho empieza a parecer una competición de trincheras. Y ahí ningún ciudadano sale realmente vencedor.
organización judicial
ARTÍCULO 122 DE LA CONSTITUCIÓN
¿Qué ocurre cuando quienes deben garantizar la independencia de la Justicia quedan atrapados en las mismas disputas de poder que deberían mantener al margen? En España hemos aprendido a discutir sobre instituciones como si fueran propiedades partidistas, olvidando que detrás de cada órgano constitucional hay algo bastante menos abstracto: derechos, garantías y confianza ciudadana. Cuando la política convierte cualquier institución en un campo de batalla, la democracia puede conservar sus edificios, sus cargos y sus ceremonias mientras pierde algo mucho más difícil de recuperar: la credibilidad.
ARTÍCULO 117 DE LA CONSTITUCIÓN
¿De qué sirve proclamar que nadie está por encima de la ley si quienes ejercen el poder pueden convertir la justicia en otro escenario de disputa política? Una democracia no se mide únicamente por quién gana unas elecciones, sino por la capacidad de sus instituciones para resistir al vencedor de turno. Cuando jueces, Gobierno, Parlamento y partidos se lanzan reproches sobre la independencia judicial, el problema deja de ser técnico: afecta directamente a la confianza ciudadana. Y sin confianza en la justicia, el Estado de Derecho puede conservar sus edificios mientras pierde algo mucho más importante: su autoridad moral.