Vivimos en una época curiosa: se nos repite constantemente que la soberanía nacional es intocable mientras decisiones cada vez más relevantes se negocian, firman o condicionan fuera de nuestras fronteras. Entre tratados internacionales, compromisos supranacionales y acuerdos globales, muchos ciudadanos desconocen hasta qué punto determinadas normas nacen lejos del debate público cotidiano. Quizá el verdadero problema no sea ceder competencias cuando resulta necesario, sino hacerlo sin que la sociedad comprenda realmente qué se entrega, quién lo decide y cuáles serán sus consecuencias.