¿De verdad creemos que las instituciones funcionan siempre, incluso cuando están en pausa? La política española vive entre la hiperactividad mediática y la parálisis silenciosa, como si el tiempo institucional pudiera detenerse sin consecuencias. Mientras tanto, la ciudadanía observa cómo los mecanismos de control parecen diluirse justo cuando más necesarios serían. La confianza no se pierde de golpe, se erosiona en esos espacios grises donde nadie responde y todo sigue “formalmente” en orden.