La propiedad privada es uno de esos conceptos que todos creemos entender… hasta que el poder decide reinterpretarlo. El Artículo 33 de la Constitución Española reconoce el derecho a la propiedad y a la herencia, sí, pero lo hace con una coletilla clave: su función social. Y ahí empieza el verdadero debate. Porque en la España actual, donde se habla de vivienda como derecho pero se gestiona como botín político, donde se legisla a golpe de titular y se señala al propietario como sospechoso moral, conviene preguntarse qué queda realmente de ese derecho constitucional. ¿Es una garantía firme o una concesión condicionada? ¿Un pilar del Estado de Derecho o una propiedad vigilada, tolerada mientras no moleste demasiado al relato dominante? El Artículo 33 no es inocente ni neutro: es el reflejo de un equilibrio frágil entre libertad individual y poder estatal, un equilibrio que hoy parece cada vez más inclinado hacia un solo lado.