La educación… ese territorio donde todos coinciden en que es “lo más importante”, justo antes de utilizarlo como arma política, bandera moral o laboratorio ideológico. El Artículo 27 de la Constitución prometía algo casi sagrado: una educación que formara ciudadanos libres, críticos y capaces de convivir en democracia. Pero en España, hablar de educación es como hablar del clima en una cena familiar: todos opinan, nadie cede y al final nadie queda satisfecho. Este artículo, larguísimo y ambicioso, pretendía fijar un pacto nacional. Hoy, más de cuatro décadas después, seguimos en guerra permanente: currículos que cambian según quién gobierne, luchas entre escuela pública y concertada, debates sobre religión, libertad de enseñanza y la eterna sospecha de que la educación sirve más para domesticar que para liberar. Bienvenidos a otro episodio del autoengaño colectivo.