¿Qué ocurre cuando un Gobierno pierde la confianza que necesita para seguir gobernando? En una democracia parlamentaria, el poder no debería confundirse nunca con la permanencia. Sin embargo, la política española ha convertido demasiadas veces la confianza parlamentaria en una cuestión de aritmética, bloques y supervivencia. El ciudadano observa cómo se habla de mayorías, apoyos y alianzas mientras la palabra responsabilidad queda relegada a un segundo plano. El problema no es que existan mecanismos para cambiar un Gobierno; el problema aparece cuando esos mecanismos se contemplan como una amenaza partidista y no como una garantía democrática.
dimisión del Gobierno
ARTÍCULO 112 DE LA CONSTITUCIÓN
¿Hasta qué punto la política española está dispuesta a comprobar de verdad si conserva la confianza de quienes la sostienen? En una democracia madura, gobernar no debería consistir únicamente en resistir, negociar y administrar mayorías cambiantes, sino también en aceptar el riesgo de someterse al juicio parlamentario. Sin embargo, hemos normalizado tanto la estrategia partidista que a veces parece que la confianza política se mide más por la capacidad de sobrevivir que por la coherencia entre lo prometido y lo gobernado. Y quizá ahí empieza una de las grandes contradicciones de nuestra democracia.