¿Quién responde cuando la Justicia se equivoca y el ciudadano paga la factura? En España aceptamos con demasiada facilidad que una decisión judicial pueda cambiar una vida, pero exigimos una enorme paciencia cuando llega el momento de reparar el daño. La Justicia debe ser independiente, sí; pero la independencia no puede convertirse en una zona libre de responsabilidad. Una democracia madura no debería pedir al ciudadano que confíe ciegamente en sus instituciones, sino ofrecerle mecanismos reales para exigir reparación cuando esas instituciones fallan.
dilaciones indebidas
ARTÍCULO 24 DE LA CONSTITUCIÓN
La justicia, dicen, es ciega. En España, en cambio, parece que a veces se quita la venda para mirar de reojo quién entra por la puerta. El Artículo 24 de nuestra Constitución es uno de esos textos solemnes que prometen garantías, derechos y un trato justo para todos. Sin embargo, basta asomarse a la realidad diaria para sentir que las promesas constitucionales funcionan como los folletos turísticos: bonitas para enseñar, difíciles de reconocer cuando uno pisa el terreno. Hoy analizo este artículo con la convicción de que la justicia no solo debe ser justa, sino también parecerlo. Y, sobre todo, con la sospecha creciente de que el ciudadano medio se conforma con creer que tiene derechos sin comprobar si en la práctica le sirven de algo. Ser libre es, también, no comulgar con ruedas de molino.