¿De qué sirve exigir transparencia si quienes deben rendir cuentas dominan mejor el espectáculo que la explicación? Vivimos rodeados de comparecencias, ruedas de prensa y sesiones parlamentarias que a menudo generan más titulares que respuestas. La política contemporánea parece obsesionada con estar presente, pero no necesariamente con aclarar nada. Entre la puesta en escena y el control democrático existe una distancia incómoda que rara vez se analiza con la profundidad que merece. Y, sin embargo, una democracia sana depende precisamente de que quienes gobiernan puedan ser llamados a dar explicaciones cuando corresponde.
comparecencias parlamentarias
ARTÍCULO 108 DE LA CONSTITUCIÓN
Resulta llamativo que en una época donde casi todo el mundo exige responsabilidades a los demás, cada vez parezca más difícil encontrar responsables cuando las cosas salen mal. Escándalos, errores de gestión, promesas incumplidas o decisiones con consecuencias evidentes suelen diluirse entre discursos, ruedas de prensa y estrategias de comunicación. España habla constantemente de rendición de cuentas, pero la pregunta incómoda sigue siendo la misma: ¿quién responde realmente cuando el poder se equivoca?