El Artículo 36 de la Constitución Española es uno de esos preceptos breves que, precisamente por su aparente simplicidad, pasan desapercibidos en el debate público. Habla de colegios profesionales, de profesiones tituladas y de democracia interna. Suena técnico, casi burocrático. Pero detrás de esas pocas líneas se esconde una cuestión de fondo: el equilibrio entre control, corporativismo y libertad profesional. En la España de hoy, donde los colegios profesionales siguen teniendo un peso notable en el acceso, ejercicio y defensa de muchas profesiones, conviene preguntarse si cumplen la función para la que fueron concebidos o si se han convertido, en algunos casos, en estructuras cerradas, endogámicas y más preocupadas por conservar poder que por proteger al ciudadano. La Constitución prometía democracia interna. La realidad, como suele ocurrir, es bastante más incómoda.