La educación… ese territorio donde todos coinciden en que es “lo más importante”, justo antes de utilizarlo como arma política, bandera moral o laboratorio ideológico. El Artículo 27 de la Constitución prometía algo casi sagrado: una educación que formara ciudadanos libres, críticos y capaces de convivir en democracia. Pero en España, hablar de educación es como hablar del clima en una cena familiar: todos opinan, nadie cede y al final nadie queda satisfecho. Este artículo, larguísimo y ambicioso, pretendía fijar un pacto nacional. Hoy, más de cuatro décadas después, seguimos en guerra permanente: currículos que cambian según quién gobierne, luchas entre escuela pública y concertada, debates sobre religión, libertad de enseñanza y la eterna sospecha de que la educación sirve más para domesticar que para liberar. Bienvenidos a otro episodio del autoengaño colectivo.
adoctrinamiento
ARTÍCULO 12 DE LA CONSTITUCIÓN
En España, a los 18 años se nos concede el privilegio de la “mayoría de edad”. Es el instante solemne en el que, según el papel, uno pasa de ser un menor tutelado a un ciudadano libre y responsable. Pero, ¿de verdad ocurre eso? ¿Acaso el simple cambio de cifra convierte al joven en adulto moral, económico o político? La Constitución fijó un número, pero la realidad lo ha convertido en un formalismo vacío.
Hoy tenemos una juventud hiperprotegida, endeudada, infantilizada y sin horizonte claro. Se les exige madurez para votar, pero se les niega la posibilidad de emanciparse. Un país que eterniza la adolescencia no forma ciudadanos libres, sino súbditos dóciles. Y quizá ahí esté la verdadera intención de ese artículo tan breve como revelador.