¿Quién vigila al poder cuando el poder aún no ha alcanzado la mayoría de edad? La estabilidad institucional no solo se pone a prueba en las crisis visibles, sino también en los silencios legales que pocos ciudadanos leen y casi nadie debate. Nos tranquiliza pensar que todo está previsto, que la arquitectura del Estado funciona como un reloj suizo incluso en escenarios delicados. Pero cuando la Jefatura del Estado depende de una persona menor de edad, la pregunta ya no es simbólica, sino profundamente política. La tutela de quien encarna la continuidad del país no es un asunto doméstico, sino constitucional. Y en esa frontera entre lo familiar y lo institucional es donde aparecen los matices que rara vez se explican… y casi nunca se cuestionan.