Hay artículos que suenan tan bien que casi dan ganas de aplaudirlos de pie. El 14 es uno de ellos. “Todos los españoles son iguales ante la ley” —una frase tan rotunda, tan limpia, tan moralmente perfecta, que podría grabarse en mármol. El problema es que, como casi todo lo que se graba en mármol, no se mueve. Y la realidad, en cambio, sí. España ha convertido la igualdad en un eslogan que se invoca mucho y se cumple poco.
Un país donde unos pisan moqueta y otros barro, donde el apellido abre más puertas que el mérito, donde el género, la ideología o el territorio siguen siendo factores determinantes para la justicia y la oportunidad. Quizá el Artículo 14 no necesita una reforma… sino una relectura colectiva, sin autoengaños ni trampas semánticas.