¿Puede hablarse de libertad económica real cuando el mercado se invoca solo para unos pocos y se regula con celo para el resto? España presume de economía de mercado mientras convive, sin demasiada vergüenza, con oligopolios blindados, trabas burocráticas asfixiantes y un discurso político que demoniza al empresario pequeño mientras protege al grande. La contradicción no es nueva, pero sí cada vez más evidente. Se alaba la iniciativa privada en los discursos institucionales, al tiempo que se la sospecha, se la fiscaliza y se la ahoga en la práctica cotidiana. Entre la retórica liberal y la realidad intervencionista hay un abismo que muchos prefieren no mirar. Tal vez porque hacerlo obliga a reconocer que la libertad económica, cuando no conviene al poder político o administrativo, deja de ser un derecho para convertirse en una concesión revocable.

ARTÍCULO 38 DE LA CONSTITUCIÓN
📜 Texto original
Artículo 38 de la Constitución Española:
- Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación.
Aquí tienes el enlace al texto oficial del Artículo 38 de la Constitución Española, publicado en el sitio web del Boletín Oficial del Estado (BOE):
- Artículo 38 de la Constitución Española en la web del BOE
https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1978-31229
Este recurso contiene el texto íntegro de la Constitución de 1978, permitiéndote acceder también a los artículos adyacentes y al índice completo.
🟢 Traducción a lenguaje sencillo
En la vida cotidiana, miles de personas quieren crear un negocio, mantenerlo o hacerlo crecer sin obstáculos arbitrarios. Esta norma establece que cualquier ciudadano puede emprender y desarrollar una actividad económica libremente, siempre dentro de un sistema de mercado. El Estado tiene la obligación de proteger esa libertad y de crear condiciones que permitan producir y competir. Al mismo tiempo, se deja claro que esa libertad no es absoluta, ya que puede verse condicionada por el interés general o por decisiones de planificación económica. En resumen, se permite emprender, pero bajo reglas fijadas por los poderes públicos, que deben equilibrar la iniciativa privada con las necesidades generales de la economía.
🕰️ Contexto histórico y político
Durante la Transición, España necesitaba enviar un mensaje claro tanto al interior como al exterior. Tras décadas de intervencionismo autoritario, era imprescindible reconocer la economía de mercado como marco básico del nuevo sistema democrático. El artículo nace de un equilibrio delicado: tranquilizar a quienes temían un regreso al control estatal férreo y, al mismo tiempo, no incomodar a sectores políticos que desconfiaban profundamente del libre mercado. De ahí su redacción ambigua, donde la libertad de empresa se afirma, pero se rodea de cautelas, referencias a la planificación y márgenes amplios de intervención pública. No fue una proclamación liberal sin matices, sino una concesión medida, pensada para evitar rupturas y mantener consensos frágiles.
⚖️ Posibles interpretaciones o debates
Aquí comienzan las discrepancias sobre hasta dónde llega realmente esa libertad reconocida. Algunos juristas entienden que se trata de un derecho fundamental limitado solo por razones muy justificadas. Otros lo consideran un principio económico subordinado casi por completo a la acción del Estado. El concepto de “planificación” ha sido especialmente polémico, ya que sirve tanto para políticas públicas razonables como para justificar controles excesivos. También se debate si la protección de la productividad implica favorecer la competencia real o, por el contrario, tolerar concentraciones empresariales que la distorsionan. La ambigüedad del texto ha permitido lecturas flexibles, a veces demasiado cómodas para el poder de turno.
🔍 ¿Se cumple hoy en día? (reflexión crítica)
La distancia entre el texto y la realidad se percibe con claridad en el día a día de autónomos y pequeñas empresas. Emprender en España sigue siendo una carrera de obstáculos administrativos, fiscales y normativos que desincentiva la iniciativa. Mientras tanto, grandes corporaciones operan con ventajas estructurales difíciles de justificar. La libertad de empresa existe sobre el papel, pero se diluye entre licencias interminables, regulaciones cambiantes y una presión fiscal poco sensible al tamaño real del negocio. No se trata de ausencia de normas, sino de exceso y desigual aplicación. El resultado es una economía formalmente libre, pero prácticamente encorsetada.
La opinión de SOY UN PENSADOR LIBRE
Cuando una sociedad presume de libertad económica mientras castiga sistemáticamente a quien arriesga su patrimonio y su tiempo, algo profundo falla en su cultura cívica. Defender la libertad de empresa no significa idolatrar al mercado ni renunciar a la justicia social, sino entender que sin iniciativa privada no hay prosperidad sostenible. Me inquieta la normalización del discurso que presenta al emprendedor como sospechoso y al control estatal como virtud moral incuestionable. Esa mentalidad erosiona la responsabilidad individual y fomenta una dependencia cómoda del poder político. El Artículo 38 debería ser un recordatorio de que la libertad económica es un pilar, no un favor administrativo. Mientras sigamos aceptando que emprender sea un acto heroico en lugar de una opción natural, seguiremos vaciando de contenido uno de los principios más incómodos de nuestra Constitución.
Crítico, riguroso y libre. Aquí no se aceptan verdades impuestas ni filtros oficiales. Pensar es resistir. Sigue leyendo, cuestiona todo y construye tu propia visión, sin ideologías ni censura. Bienvenido a «Soy un pensador libre»