ARTÍCULO 35 DE LA CONSTITUCIÓN

El trabajo dignifica, dicen. Lo repiten políticos, empresarios y tertulianos con una convicción casi religiosa. Pero cuando uno rasca un poco bajo la superficie, descubre que en España el trabajo no siempre dignifica: a menudo agota, precariza y somete. El Artículo 35 de la Constitución promete derechos laborales, igualdad y una remuneración suficiente para vivir con dignidad. Promete mucho. Demasiado, quizá, para un país que ha normalizado contratos basura, salarios que no alcanzan y jóvenes eternamente “en prácticas”. Este artículo no habla solo de empleo; habla de dignidad, de justicia social y de un modelo de país. Y ahí es donde empiezan las grietas. Porque una Constitución que reconoce el derecho al trabajo en un mercado que expulsa, precariza o desmotiva plantea una pregunta incómoda: ¿es el problema la letra constitucional o nuestra forma colectiva de mirar hacia otro lado?

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ARTÍCULO 35 DE LA CONSTITUCIÓN

📜 Texto original

Artículo 35 de la Constitución Española:

  1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.
  2. La ley regulará un estatuto de los trabajadores.

Aquí tienes el enlace al texto oficial del Artículo 35 de la Constitución Española, publicado en el sitio web del Boletín Oficial del Estado (BOE):

Este recurso contiene el texto íntegro de la Constitución de 1978, permitiéndote acceder también a los artículos adyacentes y al índice completo.


🟢 Traducción a lenguaje sencillo

Este artículo dice que todas las personas en España tienen derecho a trabajar y también el deber de hacerlo. Nadie debería ser obligado a ejercer una profesión concreta, y el trabajo debería permitir mejorar profesionalmente. Además, el salario debe ser suficiente para vivir dignamente, tanto uno mismo como su familia, y no puede haber discriminación entre hombres y mujeres. Por último, establece que una ley —el Estatuto de los Trabajadores— debe desarrollar y proteger estos derechos laborales.


🕰️ Contexto histórico y político

El Artículo 35 nace en plena Transición, en un momento en el que España intentaba dejar atrás décadas de autoritarismo y construir un Estado social y democrático de derecho. Existía una fuerte presión sindical y social para blindar derechos laborales básicos, pero también un miedo evidente a frenar el desarrollo económico o incomodar a los poderes empresariales. El resultado fue un equilibrio frágil: grandes principios, formulaciones amplias y un desarrollo posterior dejado en manos de leyes ordinarias. Se reconoció el derecho al trabajo, pero sin garantizarlo de forma efectiva. Una promesa constitucional condicionada por la realidad económica y los consensos políticos del momento.


⚖️ Posibles interpretaciones o debates

Uno de los grandes debates es si el “derecho al trabajo” es realmente exigible o solo un principio orientador. También se discute qué significa exactamente una “remuneración suficiente” en un país con salarios mínimos cuestionados y un coste de vida creciente. El “deber de trabajar” ha sido interpretado más como un principio moral que como una obligación jurídica real, pero no deja de ser llamativo que se exija deber sin asegurar plenamente el derecho.


🔍 ¿Se cumple hoy en día? (reflexión crítica)

Parcialmente, y con muchas sombras. España ha avanzado en igualdad formal y en protección laboral, pero la precariedad, el desempleo estructural y los salarios bajos contradicen el espíritu del artículo. Tener trabajo ya no garantiza vivir con dignidad. Y eso es un fracaso colectivo.


La opinión de SOY UN PENSADOR LIBRE

Desde mi punto de vista, el Artículo 35 es uno de los ejemplos más claros del autoengaño constitucional español. Nos gusta leerlo, citarlo y aplaudirlo, pero incomoda aplicarlo en serio. Hemos aceptado que trabajar mucho y vivir mal es normal, que encadenar contratos precarios es “experiencia” y que reclamar dignidad laboral es ser poco realista. El problema no es solo político o económico, es moral. Hemos normalizado el incumplimiento. Y mientras lo sigamos llamando “realismo”, la Constitución seguirá siendo, en demasiados aspectos, un hermoso texto decorativo colgado en la pared de un país cansado.


Crítico, riguroso y libre. Aquí no se aceptan verdades impuestas ni filtros oficiales. Pensar es resistir. Sigue leyendo, cuestiona todo y construye tu propia visión, sin ideologías ni censura. Bienvenido a «Soy un pensador libre»

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